La Catedral de Santa Isabel de Malabo
La catedral histórica más antigua de Guinea Ecuatorial y sede de su única arquidiócesis, una obra neogótica nacida del encuentro entre la fe misionera y la ingeniería de su tiempo

El primer templo de la capital
En la Avenida de la Independencia de Malabo, frente a la antigua Plaza de España, se levanta uno de los edificios más cargados de historia de Guinea Ecuatorial: la Catedral de Santa Isabel. Es la catedral histórica más antigua del país, la sede de su única arquidiócesis y, durante más de un siglo, el centro espiritual y urbanístico de lo que fue la capital colonial de la entonces Guinea Española.
Su historia comienza mucho antes de que se pusiera la primera piedra del edificio actual. Cuando los misioneros claretianos llegaron a la ciudad de Santa Isabel —el actual Malabo— el 13 de noviembre de 1883, encontraron una sede catedralicia que ya había sobrevivido a un primer incendio. Un templo de hierro procedente de Bélgica que fue inaugurado el 14 de abril de 1897 para sustituir al primitivo. Sobre esa base, y con donaciones de los propios feligreses, de compañías comerciales y del Gobierno español, comenzó a alzarse lo que sería la catedral definitiva.
El proyecto de Sagarra y la cuestión de Gaudí
En 1901, el padre claretiano Lluís Sagarra i Llauradó —natural de La Selva del Camp (Tarragona)— asumió el proyecto y lo reformuló por completo. La nueva propuesta era tan ambiciosa que sus propios promotores dudaron de que pudiera construirse. Según una tradición muy difundida, monseñor Armengol Coll —misionero claretiano, primer obispo de Guinea Ecuatorial y máximo responsable de la misión en la isla— llevó los planos a Barcelona para consultarlos con Antoni Gaudí, que en aquella época dirigía las obras de la Sagrada Familia. La historia ha circulado durante décadas y ha alimentado el vínculo simbólico entre la catedral y la arquitectura catalana. Sin embargo, no se conservan documentos que lo certifiquen: la propia Fundación Antonio Gaudí ha estudiado el episodio y lo califica como «una posible intervención», advirtiendo que la participación de Gaudí, de existir, no puede considerarse demostrada.
La ejecución estuvo enteramente en manos de hermanos claretianos: Jaume Miquel dirigió la obra, Ramon Ollé construyó las bóvedas, Ignacio Meabe se encargó de las cubiertas y Diego Rubio de los acabados. Años después, el arquitecto Jeroni Martorell i Terrats — discípulo de Josep Puig i Cadafalch— prestó también asesoramiento en materia constructiva.
El edificio incorpora una estructura original de pilares de fundición maciza embebidos en columnas de piedra, solución poco habitual en la arquitectura religiosa colonial de la región y que le confiere un interés técnico singular.
Arquitectura y descripción
El resultado es un templo de estilo neogótico, construido con una combinación de mampostería, piedra canteada, cerámica y acero. Su planta es basilical, con transepto, presbiterio octogonal y tres naves. En la fachada principal destacan tres grandes rosetones, replicados en las fachadas del transepto, que filtran la luz en el interior. Las dos torres que flanquean la fachada, de 40 metros de altura, no se concluirían hasta 1927, once años después de la inauguración del cuerpo principal. Entre 1928 y 1932 se levantó el Palacio Arzobispal contiguo, también según los planos de Sagarra. En 1954 se realizaron intervenciones importantes en el camarín, con acabados en distintos tipos de mármol.
La construcción principal se dio por terminada en 1916, siendo vicario apostólico el reverendo padre Armengol Coll. El 15 de octubre de 1982 la sede fue elevada al rango de arquidiócesis metropolitana mediante la bula Qui in beati Petri del Papa Juan Pablo II, quien ese mismo año realizó su visita histórica al país.
La Virgen Bisila, patrona de la arquidiócesis
La catedral guarda un vínculo especial con la devoción mariana más arraigada de Guinea Ecuatorial. A petición del primer arzobispo de Malabo, monseñor Rafael María Nze Abuy, el Papa Juan Pablo II proclamó mediante bula pontificia del 26 de mayo de 1986 a la Virgen de Bisila —patrona del pueblo bubi, venerada en el entorno del Pico Basilé, el punto más alto de la isla de Bioko— patrona principal de la arquidiócesis. El 15 de agosto de 1987, en la solemnidad de la Asunción, la catedral fue el escenario de su coronación solemne, en medio de grandes festejos que marcaron un hito en la historia de la Iglesia guineoecuatoriana.
El incendio de 2020 y la restauración
La tarde del 15 de enero de 2020, un cortocircuito desencadenó un violento incendio que arrasó prácticamente toda la cubierta de la nave. Las llamas destruyeron el techo del templo que, por cruel ironía, se encontraba en plenas obras de restauración. El edificio sufrió graves daños materiales, aunque la estructura de fundición resistió sin comprometer la integridad del conjunto.
La respuesta fue inmediata. El gobierno de Guinea Ecuatorial, la Archidiócesis, las Obras Misionales Pontificias y distintas instituciones internacionales aunaron esfuerzos para financiar la reconstrucción. Los trabajos se acometieron con el rigor que el edificio exigía: estudios arquitectónicos, análisis constructivos y control de materiales, con la exigencia expresa de preservar la originalidad del templo. El 15 de agosto de 2022 —en la solemnidad de la Asunción de la Virgen y en presencia del arzobispo Juan Nsue Edjang Mayé— la catedral fue reinaugurada y devuelta a los fieles.
Sede metropolitana
La Catedral de Santa Isabel es hoy la sede de la Archidiócesis de Malabo (Archidioecesis Malaboënsis), de la que son sufragáneas las cuatro diócesis restantes del país: Bata, Ebebiyín, Evinayong y Mongomo. Su arzobispo es monseñor Juan Nsue Edjang Mayé, en el cargo desde el 11 de febrero de 2015. De los siete obispos que ha tenido la sede a lo largo de su historia, cinco fueron misioneros claretianos: un dato que resume mejor que cualquier otro la impronta de esa congregación en la Iglesia de Guinea Ecuatorial desde su llegada en 1883, y en cuyas manos nació también el edificio que hoy la alberga.