«Gracias por amarnos tal como somos»
El abrazo del Papa a los olvidados · Hospital Psiquiátrico Jean Pierre Olié, Malabo · 21 de abril de 2026 · 17:15 h

Al final de una jornada intensa, cuando cualquiera habría optado por retirarse, León XIV decidió visitar un hospital, un gesto que para muchos define mejor que cualquier discurso quién es.
No un hospital cualquiera. El Hospital de Salud Mental Jean Pierre Olié, en la zona de Sampaka, en Malabo. El primer centro psiquiátrico moderno de Guinea Ecuatorial, inaugurado en 2014, convertido en referencia regional gracias al impulso de la Primera Dama, Constancia Mangue de Obiang, y rebautizado a finales de 2025 en homenaje al psiquiatra francés cuya colaboración fue decisiva para el proyecto. Es el lugar donde viven quienes la sociedad prefiere no ver.
El Papa entró, escuchó, y habló. Y lo que dijo fue sencillo hasta la médula.
Las heridas invisibles y la civilización del amor
Contó que cada vez que visita un hospital siente dos cosas a la vez: el dolor de las personas que sufren —con heridas que se ven y con heridas que nadie ve, que solo la persona sabe que lleva en el corazón— y la admiración ante quienes las cuidan cada día. Pero ese 21 de abril, confesó, prevalecía en él la alegría y la esperanza de saber que se está cuidando a quienes viven en condiciones de fragilidad.
El director del centro había pronunciado una frase en la que el Papa se detuvo: «Una sociedad verdaderamente grande no es la que oculta sus debilidades, sino aquella que las rodea de amor». León XIV la recogió sin dudar, señalando que ese es un principio de civilización con raíces cristianas, porque fue Cristo quien rescató la discapacidad de la maldición para restituirla a su plena dignidad. Un centro de cuidados, afirmó, está llamado a ser un signo de esa civilización del amor.
«Dios nos ama como somos, pero no para dejarnos así»
Luego tomó la palabra un paciente llamado Pedro Celestino, que terminó su intervención con una expresión conmovedora: «Gracias por amarnos tal como somos». El Papa le devolvió el gesto sin retórica: «¡Gracias a usted por su testimonio!».
A esa frase le añadió una precisión que atravesó la sala: Dios nos ama totalmente como somos, sí. Pero no para dejarnos como estamos. Nos quiere sanos. Jesús, recordó el Pontífice, vino a amarnos tal como somos, pero para cuidarnos. Un hospital de inspiración cristiana es exactamente eso: un lugar donde las personas son acogidas tal como son, respetadas en su fragilidad, pero para ayudarlas a estar mejor, con una visión integral donde la dimensión espiritual es esencial.
Los poemas ocultos
Tras escuchar la poesía de otro paciente, Tarcisio, el Papa le dijo que en un ambiente como ese se componen cada día muchos «poemas» ocultos. No con palabras, sino con pequeños gestos, con sentimientos y con atención a las relaciones; poemas que solo Dios puede leer plenamente y que consuelan el Corazón misericordioso de Cristo.
Antes de marcharse, pidió que le transmitieran su cercanía a todos los enfermos del hospital, especialmente a los más graves y a los que más sufren la soledad, y los encomendó a la protección de María, Salud de los enfermos.
Fue la última parada pública de su primer día en Guinea Ecuatorial. Y, quizás, la más verdadera de todas.
Visita al Hospital Psiquiátrico Jean Pierre Olié